
27 de abril: “IX Jornada de derecho de autor en el mundo editorial” dedicada al libro digital y entornos digitales, organizada por el Centro de Administración de Derechos Reprográficos de Argentina (CADRA), la Fundación El Libro, la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI), y la Federación Internacional de Organizaciones de Derechos de Reproducción (IFRRO), en el marco de la 37° Feria del Libro.
Al igual que en ediciones anteriores, la Feria del Libro ha vuelto a reservar un espacio de catarsis para que los más conspicuos actores y reputadas instituciones del mundo editorial no dejen pasar el año sin hacer su clásico recitado de vaticinios apocalípticos y rasgado analógico de vestiduras frente al inminente cataclismo digital, y a las abominables prácticas sociales que propicia: copiar y compartir.
Classic Monsters
Los panelistas, todos provenientes del lado de la industria —la de abogados, la discográfica y la editorial—, no hicieron otra cosa que insistir cansinamente en su devoción por la también reputada ley 11.723 de la propiedad intelectual, y reafirmar su fe en que pronto el milagro legal cambiará por decreto prácticas y costumbres arraigadas, y desde esa creencia, se propusieron diseñar las estrategias para el futuro
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Uno de los disertantes, el también reputado Dr. Fernández Ballesteros (ex Subdirector General de la OMPI y Presidente del Instituto Uruguayo de Derecho de Autor), llamativamente, dedicó numerosas alusiones y comparaciones despectivas —elípticas y no tanto— a organizaciones como Fundación Vía Libre, Consumidores Argentinos, Creative Commons Argentina y explícitamente al evento realizado el 26 de abril en el marco de las “celebraciones” por el Día Mundial de la Propiedad Intelectual. Primero te ignoran, luego se ríen de ti, luego te atacan…
Evidentemente, los quiebres en el discurso hegemónico tradicional parecen no sentar bien en estos foros: cuando se abrió el espacio para las preguntas del público, tajantemente se dictaminó que el espacio “no era para debatir”, con lo cual se cerró cualquier posibilidad de disenso, de aclaración de imprecisiones, o de refutación de falacias.
Huir del debate estando en abrumadora mayoría, no hace más que confirmar la falta de solidez de los argumentos expuestos.
Sin embargo, hay ciertos derechos civiles esenciales que son conquistas históricas que le han costado demasiado sacrificio al género humano como para dejarlos livianamente agraviados por los vahídos de una industria frustrada y obsoleta, y es necesario aclarar algunos puntos de los mencionados en las charlas:
Uno.

El derecho de autor es un derecho humano
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Esta afirmación es falsa. Los derechos humanos son inalienables, imprescriptibles, universales. Que sean inalienables quiere decir que no pueden ser transferidos a terceros; que no pueden ser alterados en todo o en parte; que sean imprescriptibles significa que no tienen limitación en el tiempo y que sean universales, por último, hace referencia al hecho de que todas las personas, por el solo hecho de ser personas, gozan de la protección jurídica de este derecho. Los derechos humanos, por sus características, pueden ser de las personas individuales (”físicas”) o de los pueblos, pero no pueden pertenecer a personas jurídicas, es decir, a corporaciones, empresas o industrias.