SADE: Los infortunios de la virtud

Horacio Quiroga, Leopoldo Lugones y otros, en la reunión de organización de la Primera Exposición del Libro Nacional.
"Yo auguraría a los artistas y escritores argentinos una prosperidad mayor que la que les va a importar esta ley, si todos los argentinos supiesen leer y escribir; si todos tuvieran necesidad intelectual de poseer en su casa una pequeña biblioteca."
Enrique Dickmann, en ocasión de su discurso parlamentario en la sanción de la ley 11.723 de Propiedad Intelectual, en 1933.
Corría el año 1928. El primer día de la primavera coincidió con la inauguración de la Primera Exposición Nacional del Libro, en el Teatro Cervantes, que a la sazón se convertiría en un día y en una fecha emblemática para la inauguración de otra institución argentina de larga data: la Sociedad Argentina de Escritores (SADE). Su primer presidente fue Leopoldo Lugones, ya por aquel entonces abiertamente fascista. El Ministro de Instrucción Pública, Roberto Marcelino Ortiz, sería el encargado de dar el primer discurso en nombre del Poder Ejecutivo de la Nación, donde ensalzó la creciente industria nacional del libro, el papel de los libros en el alfabetismo de las nuevas generaciones argentinas y la conquista del pensamiento argentino en el campo de de la especulación científica y literaria universales
.
Aquellos hombres que fundaban la SADE por segunda vez[1], se servirían bastante bien de los favores de Roberto Ortiz. En aquel momento, Ortiz acompañaba al presidente electo democráticamente Marcelo T. de Alvear, quien en 1937 perdería la carrera presidencial contra el propio Ortiz, luego de que éste último perpetara el fraude electoral. El 24 de octubre de 1938 y por decreto Nº 15.664, es decir, durante la Década Infame, y luego de haber ganado la presidencia gracias al fraude, el Dr. Roberto Ortiz le concedería a la SADE la personería jurídica.
Asociación ilícita
La SADE, sin embargo, no sería ni la primera ni la única asociación que conseguiría los beneficios de su existencia durante épocas de sangre y fuego. Con ley o sin ley, con gobierno democrático o sin gobierno democrático, esta tradición abarca a instituciones como el Fondo Nacional de las Artes, creada junto al dominio público pagante por Decreto Ley 1224/58; a la Cámara Argentina del Libro, que obtuvo el ISBN de manos de Jorge Rafael Videla, o a instituciones como SADAIC, cuyo decreto reglamentario fue obtenido en 1969, en plena época de la "Revolución Argentina" de Juan Carlos Onganía. La ley de propiedad intelectual, curiosamente, también se aprobó durante la Década Infame.
Al respecto, en abril de 2011, Guillermo Ocampo, actual representante legal de SADAIC, le discutía a Bea en un debate en la sección de Economía de Clarín sobre cómo mencionar eso constituía una "chicana".
Esta chicana también puede extenderse a otra institución tan representante de los derechos de autor y de las bellas letras argentinas, como la Cámara Argentina del Libro, actuó de manera similar en 1960 solicitando se instalaran mecanismos de censura previa en una carta dirigida al ministro de Educación y Justicia, al presidente del Concejo Deliberante y al Intendente de la Ciudad de Buenos Aires. En 1981, y ya sin ningún empacho y tras dos años de ardua gestión con nada más y nada menos que Jorge Rafael Videla, la misma Cámara obtiene la sanción de la Ley 22.399, que instituyó la obligatoriedad del ISBN. El encabezado de la ley dice: En uso de las atribuciones conferidas por el artículo 5to. del Estatuto para el Proceso de Reorganización Nacional
y en sus considerandos, establece que: atendiendo al principio de subsidiariedad, la Ley Nro. 22.450 (en su título II, Art. 4, inciso b, puntos 3, 4 y 5) viabiliza y aún recomienda la transferencia de servicios técnicos de las actividades propias del ámbito privado
. Mediante esta ley, la Secretaría de Cultura de la Nación transfería el registro del ISBN, hasta ese entonces público, hacia el sector privado. La ley lleva la firma de Jorge Rafael Videla.[2]
¿Agua bajo el puente?
Por supuesto, a nadie se le ocurriría decir que porque tu asociación está fundada por un fascista, legitimada en un gobierno dictatorial y a la sazón fraudulento; que porque tu asociación tiene una ley fundamental que lleva la firma de un represor condenado a prisión perpetua en dos oportunidades; que porque tu asociación se constituyó durante un gobierno sangriento que acabó, entre otras cosas, con la ciencia y la investigación de un país interviniendo las universidades, además de matar a unos cuantos en el medio; en síntesis, a nadie se le ocurriría decir que por todas esas cosas, tu asociación y vos, que sos el representante, sos un fascista, dictatorial y fraudulento. Pero si fundamentás la legitimidad de tu institución en su historia o en sus integrantes ilustres, no está de más reflexionar qué legitima esa historia.
El problema, entonces, radica en que los representantes actuales tengan frases tan poco felices diciendo "con ley o sin ley". Tal es lo que quiso hacer recientemente el presidente de la SADE recientemente reelecto, Alejandro Vaccaro, quien anunció que buscarán cobrar derechos de autor colectivos a radios y en conferencias y además "anticipó que la recaudación se lanzará con o sin ley que la establezca."
El problema, entonces, radica en que los disparates busquen justificarse en criterios de legitimidad. "La legitimidad para cobrar –argumentó Vaccaro– puede ser por derecho (por ley o decreto) o de hecho. Es nuestro caso, tenemos 76 años de vida, 75 filiales y 6500 afiliados. Este puede ser el primer paso para una ley
, insistió ante la consulta de Clarín. ¿También contará entre esa legitimidad que el decreto que le otorga personería jurídica fue firmado por un gobierno dictatorial? ¿Contará entre esa legitimidad lo narrado por Francisco "Paco" Urondo en la Leoplán de 1965?[3] ¿En el hecho de que existen dos asociaciones, y no una sola, y que la otra ya se expresó en contra de la medida? ¿En cuál de todas esas legitimidades?
La primavera democrática
Dickmann, el diputado copyfighter, en aquel debate en la Cámara de Diputados que citábamos al comienzo de este post, decía en otra parte de su discurso:
Máxime cuando los artistas modernos, que viven del pueblo soberano, que no tienen más mecenas, que no tienen a Luix XIV que los ayude, salvo el Estado que adquiere ejemplares de sus publicaciones que se apolillan en las bibliotecas. Gran parte de los artistas son antidemocráticos. Ese es otro aspecto realmente extraordinario.
En un libro fundamental escrito por un gran hombre público que vive en el destierro, Francisco Nitti, se denuncia a los escritores del mundo que en su gran mayoría están al servicio de la peor reacción de las peores causas. Todavía no se les ha ido la reminiscencia de cantar a las princesas azules y a los cisnes fantásticos e imaginarios.
¿Por qué será que este tipo de leyes salen justo con gobiernos dictatoriales? ¿Por qué será que las leyes como el canon digital buscan salir sin consultar a la sociedad? "Ahora que cualquier pendejo electrónico está construyendo la nueva democracia digital", sería una práctica saludable dejar de firmar decretos, y que los representantes de las instituciones autorales abandonaran sus lastres antidemocráticos para sentarse a discutir estas leyes de signo infame. Es necesario abrir el debate y pensar, entre todos, y no sólo entre los que generan "hechos creativos", qué tipo de leyes se necesitan para democratizar y difundir la cultura.
Notas
[1] "La Nación" del 15-1-1925 consigna este hecho y también "La Prensa" del mismo día: titulan respectivamente "Sociedad Argentina de Escritores ayer designó las autoridades" y "Quedó constituida la Sociedad de Escritores". Los concurrentes decidieron dejar definitivamente constituida la nueva entidad
—dice la noticia— con el nombre de Sociedad Argentina de Escritores, cuyo propósito será, entre otros, fiscalizar las ediciones de las obras de sus asociados y evitar la clandestinidad de las mismas
. En esa época, los tirajes de los libros argentinos eran mucho más caudalosos que los actuales. César y Manrique Fernández Moreno, en la bibliografía que elaboraron de su padre y que publicara el Instituto de Literatura Argentina "Ricardo Rojas", de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, incluyen material "Sobre su designación como primer presidente de la Sociedad Argentina de Escritores" (página 65, número 731). En el libro "Introducción a Fernández Moreno", su hijo César dice: En noviembre de 1925 presidió la primera comisión directiva de la Sociedad Argentina de Escritores, que continuaba funcionando en 1927 y constituyó el grupo de donde salió, al año siguiente, la comisión presidida por Lugones e integrada por Fernández Moreno y varios miembros de la inicial. Puede decirse así que la Sociedad Argentina de Escritores, como la ciudad de Buenos Aires, fue fundada dos veces
. De ser así, de mantener continuidad la sociedad de 1925 con la de 1927, de tratarse de una misma institución, habríamos recaído en la debilidad nacional que consiste en atribuir a nuestros próceres todas las virtudes, incluso la de fundar sociedades. Y Lugones es un prócer; Oliverio Girondo dijo de él que era una de esas personas que nacen con la levita de bronce. Cita de: Francisco "Paco" Urondo. "Las tres caras de l SADE", en: Veinte años de poesía argentina y otros ensayos. Edición de Osvaldo Aguirre. Mansalva Editorial. Colección Campo Real. 2009. Argentina. ISBN 978-987-1474-18-9.
[2] Están pagando las cuotas para que puedan votar
, clamó colérico Ezequiel Martínez Estrada: había descubierto que en la puerta de los comicios —que se realizaban en el viejo caserón de la calle México al 500—, Luciano Rottín, acaudalado miembro de la Sociedad Argentina de Escritores (SADE), pagaba las cuotas atrasadas de los socios morosos para que estuvieran en condiciones reglamentarias de emitir su voto. Evidentemente, después de la gauchada, era difícil no tener un adepto más, un voto más; la maniobra era clara, pero lo que Martínez Estrada no sabía es que quienes estaban comprando esos votos eran los mismos que auspiciaban su candidatura a presidente de la sociedad." Cita de: Francisco "Paco" Urondo. "Las tres caras de la SADE", en: Veinte años de poesía argentina y otros ensayos. Edición de Osvaldo Aguirre. Mansalva Editorial. Colección Campo Real. 2009. Argentina. ISBN 978-987-1474-18-9.
[3] Según la edición de 1986 y subsiguientes del Registro ISBN de la Cámara Argentina del Libro.
* Para seguir leyendo:
— Guillermo Gasió. El más caro de los lujos. Primera Exposición Nacional del Libro. Teatro Cervantes, septiembre de 1928. Editorial Teseo. 2008. Argentina. ISBN: 9789871354221.
— Secretaría de Cultura de la Nación. Valor y símbolo. Dos siglos de industrias culturales en la Argentina. Disponible en: http://sinca.cultura.gov.ar/sic/publicaciones/libros/valorysimbolo.php
http://derechoaleer.org/2011/12/sade-los-infortunios-de-la-virtud.html
publicado por Scann in 1325363151












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