Viernes 9 de Diciembre de 2011

¿Enlazar es delito?

Por Evelin Heidel. Sin ganas de salir al cine, con el videoclub del barrio cerrado, ningún dvd comprado en la calle, pero con muchas ganas de ver una película. Ver un film online parece ser la mejor opción. Pero, ¿es eso un delito?

La ley de propiedad intelectual argentina, la 11.723, es una ley antigua que data de 1933. Probablemente sea una de las leyes más antiguas de nuestro país, pero su dogma se mantiene inalterable, a tal punto que una ley hecha hace 80 años puede servir, según sus defensores, para aplicarse a la realidad tecnológica de hoy. Hace 40 años atrás, la incidencia de esta ley sobre la vida cotidiana de las personas era marginal o nula: sólo alguien que estuviera en alguna de las ramas de las industrias culturales (cine, radio, música, industria editorial, etc.) hubiera sabido de su existencia y conocido en detalle su redacción.

Aparece internet, nace un problema para la propiedad

En Argentina la primera presentación judicial contra un sitio web fue en 2009. Primero fue una denuncia penal hecha por la Cámara Argentina del Libro contra los sitios de Heidegger y Derrida en español, mantenidos por el profesor de filosofía Horacio Potel. En ese mismo año también denunciaron a Taringa! porque sus usuarios subieron algunos libros hasta que, finalmente, en este año 2011 se dio a conocer la situación procesal de los presuntos sospechosos.

Hace pocas semanas, en medio de una denuncia que quiso ser y no fue, se dio a conocer que Cuevana, el popular sitio para ver películas on-line, había sido demandado por Imagen Satelital S.A., licenciataria de Turner, quien además solicitó una medida cautelar para bloquear tres contenidos específicos.

Tanto el caso de Taringa! como el de Cuevana presentan vericuetos judiciales complejos. En principio, es necesario aclarar que un enlace nunca es el material en sí mismo, sino simplemente una dirección que indica dónde está el contenido de aquello a lo que direcciona el enlace. Por lo tanto, un enlace es un simple pedazo de texto, que funciona como una dirección, que referencia siempre a un contenido externo. En las bibliotecas, por ejemplo, esto sería un catálogo. El catálogo siempre es algo diferente del objeto real, es sólo la representación de los objetos reales que se encuentran en otro sitio. [...]

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Comentarios

#1 Corrección

Bueno el artículo. Pero como no se puede comentar te dejo una reflexión acá.
Acusar a la ley 11723 de vetusta porque fue sancionada en 1933 es igual a decir que el Código Civil también lo es porque data de 1871. La verdad es que una y otro fueron reformados en más de una ocasión. La última reforma de la Ley de Propiedad Intelectual es del 2009... aunque mejor hubieran hecho en no incorporar el pésimo Art. 5 bis.

El tema es la falta de adaptación de la ley a las condiciones imperantes en la actualidad. Y eso no es culpa del legislador de 1933 sino del de 2011. De hecho, la DMC americana -te guste o no- es de 1998 ¿Qué hicieron nuestros diputados y senadores desde esa fecha hasta ahora?

#2 Sí, coincido en parte. Creo

Sí, coincido en parte.

Creo que una ley que va necesitando cada vez más parches y parches (es el caso de la 11723) merece ser revisada en su totalidad, sobre todo cuando se la empieza a someter a críticas constantes. En este caso, el problema de la aplicación está en que en 1933 no existían ni la mitad de los avances tecnológicos que hay ahora. En ese sentido, sí, es una ley anacrónica.

Nosotros no tenemos algo como la DMCA (por suerte), pero sí estamos adheridos al WPPT-WCT, que es el Convenio de la OMPI que le da marco a cosas como, por ejemplo, la DMCA. Ese tratado es el que hizo que se incluyera a las bases de datos y al software dentro de la protección en la legislación argentina, y eso no ha sido precisamente una mejora desde ningún punto de vista.

Por otra parte, no creo que los legisladores de 1933 no estén tan exentos de responsabilidad. A fin de cuentas, fue a ellos a quienes se les ocurrió que la ley debía aplicarse con casi el mismo criterio que la propiedad privada en algunas cosas (ver el libro de Emery).

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